Mi libreta viajera

Empecé viajando sola, y adquirí la libreta en mi primera escapada, Roma, en una tiendecita del Trastevere. La vi, me gustó, mi madre me dijo que ya tenía muchas, nos fuimos y tras un par de pasos giramos y la compré. Era la segunda libreta que compraba en un mismo día, tal vez mi madre tuviera razón (teniendo en cuenta, también, todas las que tengo en casa). Son mi objeto fetiche, y no me importa acumularlas porque sé que un día todas estarán llenas, cada una de lo suyo.

Esta libreta en concreto, no nació con ningún propósito, pero ha llegado a ser la libreta viajera, de apuntes, pensamientos, planes…del día a día. La primera frase la escribí en la última hoja: Sabía que ya podía contar conmigo misma, de Simone de Beauvoir. Todavía faltan unas páginas para llegar a ella, pero cada día menos.

Después de Roma, me acompañó a Toledo, Firenze, Madrid, Zürich, Torino y quién sabe si aún le queda algún destino inesperado.

 Ella recoge solo una pequeña muestra de lo que me pasa por la cabeza, leo o veo y me apetece recordar, aunque raramente vuelvo sobre mis palabras. También es una fuga de escape en los momentos grises, para intentar dejarle los problemas, ordenar ideas y continuar el camino. Es yo conmigo misma. Infortunadamente habrán momentos, ideas o pensamientos que se habrán perdido por el camino, en mi mente, servilletas u otras libretas…pero ímplicitamente también forman parte de ella.

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Todo lo escrito aquí arriba lo hice sin saber que aún nos quedaba por visitar juntas París, Coimbra, Barcelona, Lyon, Avignon y Marsella. Al acabarla, en Barcelona, me compré una libreta cerveza. La acabé en Granada, en la casa de Federico García Lorca.

 

Oblomovochina

Vocablo derivado del nombre propio Oblomov, personaje principal que a su vez da título a la novela más conocida del escritor ruso Iván Goncharov, “se ha convertido en sínonimo de inercia, pereza y pasividad dado las características personales del mismo, ya que “vive incapacitado para el menor esfuerzo, sin salir de la cama, dónde no hace más que dormir o sentarse”.

Me parece extraordinario que el protagonista de una novela tenga tal fuerza que salga de la ficción y se adentre en la realidad creando una palabra de uso más o menos común. Su autor debería estar orgulloso.

Este descubrimiento ha sido fruto de otro anterior escondido en las estanterías de la biblioteca, el libro “Hoteles literarios. Viaje alrededor de La Tierra.” de Nathalie de Saint Phalle. En él están recogidos, por orden alfabético, hoteles de todas partes del mundo que han sido protagonistas de la historia de la literatura.

 

Sueños.

¿Los sueños son para soñarlos o para vivirlos? Porque si un sueño se hace realidad deja de serlo, y en lo terrenal ya no funcionan las ilusiones, fantasías y demás castillos en el aire que lo sustentaban en el mundo onírico. En lo terrenal te enfrentas a hechos sólidos no flotantes. ¿Y entonces qué? ¿Seguimos soñando o pisamos fuerte la tierra firme?